Siguiendo con los dichos populares, en el caso que nos ocupa, el del intento por parte del Rectorado de cerrar Radio Complutense, podríamos aplicar el de “poderoso caballero es don dinero”. Todo el mundo acepta que en esta vida cualquier acción la rige el aspecto económico. Pero en el caso de la universidad entran en conflicto otros valores. Qué debería primar, ¿la preparación de los alumnos o el beneficio económico de unos pocos?
El Instituto Universitario de Comunicación Radiofónica recibe numerosas y suculentas ayudas para renovar los equipos y para mantener su emisión con normalidad. Pero nadie sabe adónde van a parar esas cantidades de dinero. Por lo menos a las infraestructuras no porque todo aquel que pasa por los estudios de la radio puede disfrutar de unos equipos de la época “de cuando Franco era corneta”. ¿Alguien, aparte de los más veteranos, conoce para qué sirven los reproductores de cinta abierta? ¿Quién los usa en la actualidad? ¿Tan caro resulta comprar unos reproductores de CD’s que funcionen? Estas y otras preguntas son las que se hacen los cerca de mil alumnos que tienen el privilegio de realizar prácticas en Radio Complutense.
Parece ser que a los señores del Rectorado no les basta con que los alumnos de la facultad de Ciencias de la Información terminen sus carreras con un claro déficit de preparación en cuanto al aspecto práctico se refiere (¿para qué sirven tantos estudios de radio, televisión y fotografía si prácticamente no se usan?). Ahora quieren eliminar el único reducto con el que los estudiantes pueden “matar el gusanillo” y adquirir a la vez esa soltura que sólo se aprende haciendo radio. ¿Qué tipo de interés está oculto en esta acción? ¿A los altos cargos del rectorado no les basta con lucrarse a costa de una radio a la que cada vez llega menos dinero, que ahora quieren deshacerse de ella? Parece ser que no. Y es que cada vez son menos las ayudas que el IUCR recibe para tratar de atender de una forma digna a sus alumnos. Hace pocos años había veinte becarios encargados de que todo saliera correctamente, pero, tras la última “reducción de personal”, serán dos las personas que coordinen a casi mil alumnos. ¿Esto es posible? Que venga Dios y lo vea…

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